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De la casa se derrumba


I

Los pordioseros, los perros con dueño, los perros sin dueño, la banda de música y sus muertos, el ganado y al final las mulas y sus críos, los camiones de reparto, el pan, el agua, el gas y las golondrinas. Los futuros empleados de los supermercados y sus madres con canastas sobre la Cinco de mayo. Seguro que ya pasaron y el resto del batallón ahora podrá regresar. Al menos eso es lo que espero de un prólogo indispensable.


II

Pensemos por un momento en el camino. Pensemos en un medio de transporte. Pensemos en la profundidad de una canoa. Pensemos en el destino. Pensemos en lo que queremos para nosotros. Cantemos el principio de una ópera. O todos seremos en lo que nos resta de la eternidad una imagen, manchas alteradas en la forma. Alejados del primer impulso, irrumpimos en un cuadro naturalista. El color rojo, amarillo, negro. La forma no miente, sugiere. Nos colgarán en una sala, nos cuidaran del polvo que atraviesa los pasillos y nos dirán a unos metros de distancia: Mira sus inquietas sombras, cuán oscuras están y aparejadas para descubrir nuestro deleite.



III

Los vecinos miraban nuestra casa, adivinaban inmóviles la familia biológica de las plantas, el curso de las golondrinas y el próximo impacto del sol en la estancia. Esta noche he tenido una pesadilla. Diez o quince días han pasado. Ese era otro tiempo. En la esfera de Homero la guerra se pronuncia como la medida de los hombres. Nunca pensé en otro tiempo, tampoco en la eternidad. El presente es eterno.


IV

Me cubro de agua. Este año tampoco nevará. No obstante cuando se vienen abajo los argumentos generales soy Pulgarcito y debí golpearte con mi coche de soldados en la espinilla. Estaba distraído. Lo importante son las batallas. No obstante cuando se vienen abajo los aspectos particulares y se carece de mérito, me cubro de agua. Esa es la secuencia, el patrón de juego.



V

Daremos una carpeta bordada y un pago extra al vecino, por llevar en su camioneta el refrigerador, la cama con orines secos y algo de ropa sucia. En el patio repartimos los bienes, en partes proporcionales. Era un anillo. Fue un reloj. Era su letra. Pero como somos justos y adoramos al Cristo redentor y escondemos la comida que nos asquea, será un honor reconocer la gloria que pueda darnos lo que conocemos por pasado. En síntesis y atentos, la casa en un día de tornado se elevó por los aires, algunos vecinos se agarraron de los árboles. Fin de la historia.


VI

Lo que nos tocó en la punta de la lengua, ha ido en aumento, como la teoría social de la bola de nieve que baja y baja y baja la cuesta. Ahora ya es más grande y se queda, se extiende blanca, bueno, en verdad, algo gris con puntos rojos, por el tiempo, la basura del camino y por los gritos de los turistas que arroya a su paso. Pero se queda, nos hace talco con las paredes de su corazón, nos confunde, no nos pide perdón por los daños y aleja sus maletas de la puerta para dormir tranquila después de recorrer kilómetros.

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Nota. Según George Steiner: El destino es aceptado, casi permitido, como si formara parte de esa verdad histórica, en ese movimiento hacia delante, la existencia individual hecha el ancla de su sentido.


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Ramón Peralta (Ciudad de México, 1972). Vive actualmente en Lisboa.

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